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domingo, 14 de septiembre de 2008

Regreso a Numancia

89¬. "Mientras atravesaba el territorio de los cauceos, cuyo tratado había violado Lúculo, les hizo saber por medio de un heraldo que podían regresar sin peligro a sus hogares. Y prosiguió hasta el territorio de Numancia para pasar el invierno. Allí se le unió también, procedente de África, Yugurta, el nieto de Masinissa, con doce elefantes y los arqueros y honderos que habitualmente le acompañaban en la guerra. A Escipión, entregado al saqueo y la desvastación constante de las zonas de alrededor, le pasó inadvertida una emboscada en una aldea que estaba circundada, en su mayor parte, por una laguna cenagosa y, por el otro lado, por un barranco en el que estaba escondida la tropa emboscada. Escipión dividió a su ejército, unos penetraron en la aldea para saquearla, dejando fuera las insignias, y otros, en número pequeño, recorrían los alrededores a caballo. Contra estos se lanzaron los emboscados. Ellos trataron de rechazarlos, pero Escipión, que se encontraba por casualidad junto a las insignias delante de la aldea, llamó a toque de trompeta a los de dentro y, antes de llegar a contar con mil hombres, corrió en auxilio de los jinetes que estaban en situación difícil. El grueso del ejército se lanzó fuera de la aldea y puso en fuga a los enemigos, pero no persiguió a los que huían, sino que se retiró al campamento tras haber sufrido pocas bajas ambas partes."

martes, 15 de julio de 2008

Roma conquista la Iberia cartaginesa

37¬. "Indíbil, uno de los reyes que había llegado a un acuerdo con él, realizó una incursión en una parte del territorio sometido a Escipión mientras estaba amotinado el ejército romano. Y cuando Escipión marchó contra él, sostuvo el combate con bravura y mató a mil doscientos romanos, pero al haber perdido a veinte mil de los suyos, se vio obligado a pedir la paz. Y Escipión le puso una multa y llegó a un acuerdo con él. Masinissa, sin que Magón se percatase, cruzó el estrecho, y entablando relaciones de amistad con Escipión, juró combatir como su aliado, si llevaba la guerra contra África.

(...)Y Magón, el almirante, habiendo perdido la esperanza en los asuntos de Iberia a juzgar por la situación presente, se hizo a la mar rumbo al país de los ligures y los celtas (la Galia) , y se dedicó a reclutar mercenarios. Mientras andaba ocupado en estos asuntos, los romanos se apoderaron de Gades, que habia sido abandonada por Magón."

38¬. "A partir de ese momento, poco antes de la olimpíada ciento cuarenta y cuatro, comenzaron a enviar anualmente, a los pueblos de Iberia conquistados, pretores en calidad de gobernadores o superintendentes para mantener la paz. Y Escipión, despues de dejarles un ejército pequeño adecuado a un asentamiento pacífico, establecio a los soldados heridos en una ciudad que llamó Itálica, tomando el nombre de Italia. Es la patria de Trajano y Adriano, quienes más tarde fueron emperadores de los romanos. Y él partió rumbo a Roma con una gran flota, adornada con magnificiencia y repleta a un tiempo de prisioneros, riquezas, armas y un variado botín.

(...)Entretanto, Indíbil, una vez que Escipión había partido, se sublevó de nuevo. Los generales de Iberia lo mataron tras reunir todo el ejército que tenían en las guarniciones y otra fuerzas procedentes de los pueblos sometidos. A los culpables de la sublevación, después de hacerles comparecer en un juicio, les condenaron a muerte y confiscaron sus propiedades. A los pueblos que participaron con él en el levantamiento les impusieron una multa, los despojaron de sus armas, les exigieron rehenes y les impusieron guarniciones más fuertes. Todos estos sucesos tuvieron lugar inmediatamente después de la partida de Escipión, y éste fue el resultado de la primera contienda romana en Iberia."

viernes, 11 de julio de 2008

Carmona

25¬. "Asdrúbal, el hijo de Giscón, concentró el ejército cartaginés, que aún estaba en Iberia, en la ciudad de Carmona, con la intención de atacar a Escipión a la vez con todas sus tropas. Se unieron a él muchos iberos que trajo Magón y muchos númidas mandados por Masinissa. Asdrúbal acampó dentro del recinto fortificado del campamento con la infantería, en tanto que Masinissa y Magón, que estaban al frente de la caballería, vivaqueaban delante de él. Escipión, por su parte, dividió su propia caballería frente a esta disposición del enemigo y, a Lelio, lo envió contra Magón, mientras que él se opuso a Masinissa. Durante un cierto tiempo estuvo en una situación crítica y tuvo un trabajo penoso, porque los númidas lo asaeteaban a él y a sus hombres y se retiraban a continuación para volver de nuevo a la carga. Pero cuando Escipión dio la orden de perseguirlos sin tregua presentando las lanzas, los númidas, al no tener posibilidad de contraatacar, se replegaron huyendo hacia el campamento. Escipión, desistiendo de la persecución, fijó su campamento a unos diez estadios en una posición sólida que había elegido adrede. El número global de las fuerzas enemigas era de setenta mil soldados de infantería, cinco mil jinetes y treinta y seis elefantes. Escipión no contaba siquiera con un tercio de esas tropas. Éste fue el motivo de que estuviera indeciso durante algún tiempo y no ofreciera batalla, entablando solamente escaramuzas."

26¬. "Pero una vez que empezaron a faltarles las provisiones y el hambre hizo presa del ejército, Escipión juzgó que no era conveniente retirarse. Antes bien, tras realizar un sacrificio, convocó al ejército para dirigirles la palabra nada más concluir éste, y adoptando una vez más el rostro y la postura de un inspirado, les dijo que le había llegado el presagio divino habitual y le había exhortado a dirigirse contra los enemigos. Y era necesario tener más confianza en el dios que en el número de tropas del ejército, pues también habían obtenido las victorias precedentes en razón al favor divino y no por su fuerza númerica. Y, con objeto de inspirar confianza en sus palabras, ordenó a los adivinos que llevasen al centro de la asamblea las entrañas de las víctimas sacrificadas. Mientras hablaba, observó que algunos pájaros estaban revoloteando y, volviéndose bruscamente allí mismo con un movimiento rápido y un alarido, los señaló y dijo que los dioses también se los habían enviado como símbolos de victoria. Les acompañaba en sus movimientos clavando sus ojos en ellos y gritando como un inspirado. Todo el ejército seguía a un mismo tiempo las gesticulaciones de aquél, que giraba de acá para allá, y todos se sintieron llenos de ardor como ante una victoria segura. Escipión, cuando tuvo todo tal como había planeado, no vaciló ni permitió que su ardor se enfriara, sino que, como un inspirado todavía, afirmó que era necesario entablar combate al punto, después de estas señales. Dio la orden de que tomaran las armas después de comer y los condujo contra los enemigos sin que éstos los esperaran. Puso al frente de la caballería a Silano y al frente de la infantería a Lelio y Marcio."

27¬. "Asdrúbal, Magón y Masinissa, cuando Escipión les atacó de modo repentino, mediando tan sólo diez estadios entre ambos ejércitos, armaron a sus tropas, que aún no habían comido, con toda rapidez, confusión y tumulto. Se entabló un combate a la vez con la infantería y la caballería, la caballería romana prevaleció por su misma táctica, persiguiendo sin tregua a los númidas acostumbrados a retrocerde y volver al ataque. A estos últimos, a tan corta distancia, de nada les servían sus dardos. La infantería, sin embargo, se encontraba en situación desesperada a causa del número de los africanos y se veían superados a lo largo de todo el día. Con todo, Escipión no consiguió cambiar la suerte de la batalla, aunque corría a su lado y los animaba sin cesar. Finalmente, entregando su caballo a un muchacho y tomando un escudo de las manos de un soldado, se lanzó a la carrera, solo como estaba, en el espacio abierto entre los dos ejércitos gritando: "Venid, romanos, en socorro de vuestro Escipión que corre peligro". Entonces, al ver los que estaban cerca en qué grado de peligro se encontraba y al enterarse de ello los que estaban lejos, movidos todos de igual modo, por un sentimiento de pudor y temiendo por la seguridad de su general, cargaron a la carrera furiosamente contra los enemigos con alaridos. Los africanos, incapaces de resistir este ataque, cedieron, pues se daba además la circunstancia de que les faltaban las fuerzas al atardecer, por no haber probado alimentos. En poco tiempo perecieron en gran número. Éste fue el resultado que obtuvo Escipión en la batalla celebrada en las cercanías de Carmona y cuyo desenlace fue incierto durante mucho tiempo. En ella los romanos perdieron ochocientos hombres y las bajas enemigas fueron de quince mil hombres."

[Polibio sitúa la batalla en Ilipa, llamada Silpia por Livio, la actual Alcalá del Río]